El complejo de tatuarse: el tiempo

Esa es la actitud
Es cierto que es un tema muy trillado ese de decir que los tatuajes son “para toda la vida“. Es más: debe ser el argumento más utilizado para no hacérnoslo. Suele decirse “pero cuando sea viejo me voy a arrepentir”, “no quiero que mis nietos me vean con tatuajes desgastados”, o “¿y si me deja de gustar cuando sea más grande?”.
Mucha gente desearía hacerse un tatuaje, pero no se anima pensando en que quedaría totalmente desubicado dentro de unos años, incluso al momento de buscar un trabajo o querer formar una familia. Y mucha gente pasa sus vidas con ese deseo sin cumplir.
Con esto no quiero decir que esta gente está mal por no animarse a hacerse el tatuaje. Si hay algo en lo que esta gente tiene razón es en el hecho de que la sociedad muchas veces nos limita y discrimina a las personas que tienen tatuajes o piercings “poco usuales”. Ni hablar de aquellos que tienen algún tipo más extremo de modificación corporal. Desgraciadamente es cierto: hay gente a la que no le dan el trabajo por tener alguna de estas características.

Pero por suerte hay personas que se animan a ir más allá del “qué dirán”, atreviéndose a hacerlo sin importarles las consecuencias, ya que confían en que estos asuntos superficiales no valen la pena para tanto problema.
Y gracias a estos abuelos que se tatúan, empresarios con piercings y madres con escarificaciones es que la sociedad abre un poco la cabeza y admite que todos somos libres de hacer lo que querramos con nuestro cuerpo.
Es cierto que falta mucho para decir que realmente vivimos en una sociedad abierta e integradora. Pero paso a paso (por insignificante que sea) la discriminación disminuye, y la gente cambia.
Artículos Relacionados
No hay Comentarios
Dejar un Comentario


















